domingo, 17 de mayo de 2026

VISTOSA Y PERRA SUERTE_

 


-Ahora, qué vamos a hacer –exclama el hombre, con miedo comprensible-, la suerte se me ha volteado.

-I. A.–dicen los partidarios de la nueva alcaldesa-. Inteligencia animal.

-Inteligencia artesanal –contradicen los contrarios.

La berrinchosa ha hecho destituir al anterior alcalde con el ridículo argumento de que está prohibido que los animales se sometan a los hombres, por más buenos y animalistas que parezcan. En el largo juicio seguido por esta causa se ha podido establecer que un perro servil se ocupaba, efectivamente, de llevar al alcalde de paseo en horas de trabajo (del mal empleado) al parque Selva Alegre. Así que fue destituido (el alcalde).

Como es algo entrada en carnes la nueva alcaldesa, la llamamos, en secreto, la Bienpapeada. Le tenemos miedo, sin embargo, porque nos parece que es un poco malvada. Así como se ha papeado al alcalde, puede hacer lo mismo con nosotros, pensamos. Temblamos todos los malpapeados, no sin motivo.

La Perra Alcaldesa ha decretado:

Primero: Los humanos no tienen derechos.

Segundo: El poder nace del combo.

Tercero: Los derechos se ganan con ladridos y garras sucias.

¿Pero, qué ha pasado, cómo es que hemos vuelto a la vida de la selva?, nos preguntamos.

Hubo una época en que la sabiduría prometía reinar en el bosque, cuando un alcalde-filósofo editó una colección de libros que apilados podían llegar a las nubes. Pero llegó tarde, los escolares ya estaban en la luna de Paita, navegando más allá de la galaxia Gutenberg.

Y ahora, como nadie lee, no sorprende que encandilen al pueblo, intelectualmente malpapeado, personajes como nuestro recientemente destituido alcalde, que se hizo conocido como árbitro FIFA de las ligas locales. Hubo, sin embargo, un aviso que no supimos escuchar, que el soplapitos era discípulo de Pezuña Ascuña, el postulante a la presidencia de nuestra desquiciada república con más bajo C.I., cosa que, entre treinta y tantos candidatos, es decir mucho. 



Arrinconados por la brutal embestida animal, leemos, a escondidas, los Poemas Humanos del padre César Vallejo, donde encontramos que dice, hablando consigo mismo:

“¡Vistosa y perra suerte!
¡César Vallejo, te odio con ternura!”

Si viera su nombre hollado por apestosas pezuñas, creo que podría decir:

Universidad César Vallejo
¡Te odio con altura!

¡Ay, si supiera, lloraría nuestra vistosa y perra suerte!

-¿O nos dejaría en visto?


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