domingo, 15 de octubre de 2023

ALBERTO HIDALGO

 

Alberto Hidalgo Lobato

Arequipa, 1897-1967


Era un genio tumultuoso y arrogante a quien pronto su ciudad natal le pareció pequeña. Se fue a Lima donde su talento para el sarcasmo pronto lo hizo insoportable, terminando por recalar en Buenos Aires, que no se escandalizó tanto con sus alharacas. Primero, las egolátricas, en que él se sitúa  por las nubes, como en “Biografía de yomismo”; y segundo, las burlonas, en que pone a los demás por el piso, como en “Hombres y Bestias” y “Los sapos y otras personas”.  Quizá los arequipeños sean un poco vanidosos, menos Mostajo, con seguridad; pero en cuanto a irónicos y mordaces sí que lo son, Mostajo entre los primeros. Pero Hidalgo era las dos cosas, ingenioso y presumido. Genio, en fin, inspirado por las musas.

AUDIOLIBRO 

El Misti

Poema 

Recitado por Giuliana Murgía

EL MISTI

 Soberbio, lleno de altivez, ufano

de su bella apostura y gallardía,

cuando amanece, el Misti con humano

sentimiento bendice al nuevo día.

Los gallos le saludan desde el llano

con una orquestación de algarabía,

que él contesta, arrogante, con un vano

gesto de nieve de su testa fría.

Al ocultarse el Sol en el poniente,

parece un inca de nevada frente

coronado de innúmeras centellas.

Y resurge del fondo de la noche,

cuando comienza el sideral derroche,

como una copa derramando estrellas.

PERUANO DEL COGOLLO 

Mi padre fue un camote

mi madre una guayaba

soy hermano de leche

de las paltas las yucas los tomates

 

Brotan vicuñas de mis manos

mis ojos dan palomas

su suavidad despierta al día

la noche admite sus arrullos

 

Tengo color de vuelo

peso de claridad

por el sistema de las nubes

la maquinaria de los Andes

 

Mi vida un rito de la papa

mi muerte habrá de ser de chirimoya

Intervenciones del maíz

dan sentido a mi ser

 

Mi andar es de Arequipa azul por eso

mi pulsación madura como nieve

respiro a cuadros la campiña

en los vientos me lavo

el río es el rezongo que acostumbro

la patria el alimento que prefiero.


FRANCISCO MOSTAJO

 

AUDIOLIBRO

Francisco Mostajo Miranda

Arequipa, 1874-1953


Fue su amor imposible, la Poesía, que cortejó siempre sin obtener jamás sus favores. Se distinguió como abogado, historiador, escritor, orador, pero no como poeta. El pueblo lo quería como a nadie, era su caudillo; pero de su fatigada pluma nunca salió un poema memorable. Soportó otros reveses vitales, como la notable fealdad de su figura, la pobreza, el odio; pero no la falta de talento poético. Sin embargo, intentó conquistar a la esquiva musa con terco afán. Son una muestra estos dos sonetos inspirados en  la ciudad que tanto quería. 

Sillar del conocimiento
Sillar

Recitado por Giuliana Murgía


SILLAR

 Cuando el Misti el cráter era averno,

fue ceniza espectral o lava hirviente:

lo enfriaron los siglos de lo eterno

y lo enterró el páramo inclemente.

Pero hoy de albas canteras sin memoria

el obrero lo corta y lo desbasta,

y es blanco, blanco, con blancor de gloria,

cual si fuese hecho con nivosa pasta.

Se construye Arequipa y reconstruye

con el sillar fue loza en sus aceras

y fue bloque heroico en sus trincheras.

Su arte en la erguida bóveda confluye

y es en la Catedral himno que arranca,

Arequipa es por él la Ciudad Blanca.


Brindando con el Sol

Chicha

Chicha

De incaicos maizales es su casta,

cuando Arequipay al decir el Inca,

hacia el Sol de oro, hacia la tierra vasta,

su rubio elixir contra el aire «tinca».

 

Y la india entonces y después la chola

enclavan el «pendón» en su cabaña,

y va hasta ella el español de gola

y va el mestizo, de burgués calaña.

 

En grandes vasos de cristal relumbra,

color de venturina o color de oro,

y la toma el doctor y al pobre alumbra.

 

¡La Chicha! arequipeño, no te azores,

cuando te la voceen por desdoro,

¡Salud! grita. Es licor de Emperadores.


CANTO DEL ALMA

 

AUDIOLIBRO

Edilberto Zegarra Ballón 

(Arequipa, 1869-1957)


Escritor y periodista. Hace más de cien años fundó el diario “El Pueblo”, que sigue en circulación. Publicó varios libros de poemas: “Vibraciones”, “Espontáneas”, “Amor y Poesía”. La más famosa de sus creaciones poé­ticas es “Canto del alma”, que la escribió para ingresar al Club Literario de Arequipa, como se acostumbraba entonces. Fue leído en la sesión solemne del 2 de mayo de 1891, ganándose el ingreso y los honores de poeta.


Canto del alma

Poema

Recitado por Giuliana Murgía

Hay un pueblo grandioso,

De un murmurante río en la ribera,

Que se yergue a las faldas de un coloso

Con majestad gallarda y altanera.

 

Tiene una hermosa historia

Y cuando lucha de valor se expande,

Delira por la gloria

¡Y adora con pasión todo lo grande!

 

Lleva fuego viril en las entrañas

Y sus hijos son fuertes y serenos,

Viviendo entre el desierto y las montañas

Coronadas de rayos y de truenos.

 

Sus campos son feraces,

Brotan en ellos delicadas flores;

Lo aduermen con amor brisas fugaces

Y parece el edén de los amores.

 

Al contemplar su cielo delicioso

Me embriago en el placer de los placeres;

Es tan limpio y hermoso,

Como el dulce mirar de sus mujeres.

 

Sus hijos son valientes

Y fuertes en las luchas de la vida.

De pasiones ardientes,

De mente soñadora y atrevida.

 

En la marcha ascendente del progreso

Siempre disputa la primera fila

Y posee, por eso,

Luz en el corazón y en la pupila.

 

¡Sabe creer y amar! No le hacen falta

Placeres enervantes que no tiene,

Por la virtud se exalta

Y nunca ante el peligro se detiene.

 

Es un pueblo de bellas tradiciones,

Que amó la libertad hasta el delirio

Y se envolvió en horribles convulsiones

Y subió los peldaños del martirio.

 

En su inmortal historia

Hay episodios mil de patriotismo,

Cada página guarda una victoria

O un destello sublime de heroísmo.

 

Ese pueblo grandioso

Que se yergue de un río en la ribera

Y se asienta en las faldas de un coloso

Con majestad soberbia y altanera;

 

Que ama la libertad con desvarío

Y que a todo progreso se anticipa,

Ese pueblo es el mío,

¡Es esta hermosa tierra, es Arequipa!

 

Es la tierra en que se halla

Fecundo germen que produce atletas,

Héroes de los campos de batalla,

Artistas y poetas.

 

Yo le debía un canto

A este pueblo querido

Que formó siempre el delicioso encanto

De todas las fruiciones que he sentido.

 

Porque en sus verdes campos

Se deslizó con suavidad mi infancia,

Al tibio rayo de dorados lampos

Del bello sol que iluminó mi estancia.

 

Porque aquí vive lo que más adoro

Porque aquí tengo lo que más anhelo:

La hermosa inspiración que es mi tesoro,

¡La dulce poesía, que es mi cielo!

 

Porque aquí hay sentimiento,

E idea noble, levantada y alta;

Tiene donde volar el pensamiento

Cuando con alas de águila se exalta.

 

Tiene donde subir la fantasía

Con vuelo prepotente

Y en regiones de excelsa poesía

Dar campo al corazón, luz a la mente…

 

¡Oh! si yo tengo orgullo

De esta mi tierra, amor de mis amores,

Que acarició mi cuna con murmullo

De truenos y temblores.

 

Y siento anhelo ardiente

De que el Perú más glorias le demande

Para que siga siendo eternamente

El pueblo valeroso, altivo y grande.

 

Salud, noble santuario

Del arte, del valor y las ideas,

Salve, sublime pueblo legendario,

Mi Arequipa, mi amor, bendita seas.


sábado, 14 de octubre de 2023

EL RAPTO DE MIZ-MIZ

 


AUDIOLIBRO

Juan Manuel Polar 

(Escritor arequipeño 1868-1936)

El rapto de Miz-Miz

 Cuento

Leído por Willard Díaz Covarrubias

Música de Pedro Rodríguez Chirinos

La granja está situada en una rinconada del valle. En la granja vive Miz-Miz, la princesita de piel de raso y de ojos hermosamente azules.

¿Sabes quién es Miz-Miz? Es una joven gatita muy mona y muy relamida. En toda la comarca es la única dama de su raza, y si las crónicas no mienten, algún mago cabalista la tiene encantada en aquellas soledades.

Da gusto observarla en las tardes cuando baja el sol, cómo arrellanada en una de las ventanas de la granja, mira a un lado y a otro entornando los ojos entre aburrida y melancólica. El vuelo de alguna golondrina suele intrigarla: levanta con vivo movimiento la cabeza, se despereza, pero acaba al fin por bostezar y arrellanarse de nuevo. Es que se aburre.

A veces enarca el lomo, estira la blanquísima cola y, con voluptuosidad de exquisita elegancia, ronroneando sus displicencias, va a sobarse el lomo entre las piernas del amo.

Todos quieren a Miz-Miz, todos la acariñan, la sientan sobre sus rodillas y le pasan la mano por el lomo; singular caricia con que ella se recrea; pero sin devolver estos halagos, y mostrando siempre el mismo desdén de princesita mimosa que se fastidia.

Hasta los perros, los tres altivos guardianes de la granja, respetan a Miz-Miz y la atienden con doble galantería. Aunque rodeada de tantas consideraciones y solícitos cuidados, se aburre Miz-Miz sin hallar los esparcimientos propios de sus juveniles años; y dada a las imaginaciones, al mucho soñar y al mal dormir, languidece la joven dama.

En el entretanto, la fama y nombradía de Miz-Miz traspasó los linderos granjeriles, y allá en los montes se supo que existía la princesita encantada sobre la que corrían variadas y no pocas amenas historias. Por no sé qué chismografía de conejos silvestres, llegaron las noticias a oído de Zapirón el Montés, que escuchó, relamiéndose con mal disimulado entusiasmo, los encarecimientos que se hacían de la noble dama.

Era el tal Zapirón un señor gato de ilustre linaje, dado a las aventuras, arriesgado como el primero y enamorado en demasía. Es cosa no averiguada el origen del reinado de Zapirón en los bosques de la comarca aquella; pero seguramente le venía por estirpe la posesión de aquellos dominios, donde imperaba celoso de sus fueros, como dueño y señor de vidas y haciendas. A usanza de los antiguos feudales, entretenía sus ocios, Zapirón, con aventuras galantes, caza arriesgada y de allá en cuando un desafío a garra limpia, con un maleante caballero de su raza que en mala hora se atrevía a cruzar sus dominios.

Cuanto a su figura, se dice que era apuesto el mancebo, se distinguía su cuerpo por lo vigoroso y bien musculado; la cabeza era enorme, pero altanera y ceñuda; centelleantes ojos, recio el bigote y gallarda la apostura. Gastaba traje atigrado de esos que llaman romanos, y tenía por armas agudos dientes y garras del más fino acero.

En su calidad de enamorado y aventurero, se holgaba Zapirón escuchando las ponderaciones de la nunca bien ponderada Miz-Miz, y huroneado las noticias y recogiendo con disimulo los datos que era menester para el éxito de la empresa.

No era el noble Montés persona de aquéllas que ponen tiempo y desvelos entre el pensar y el resolver, y así que tuvo precisos datos de la casa solariega donde habitaba la señora de sus pensamientos, se decidió a dar principio a tan deseada conquista. Así pues, una de aquellas noches en que la oscuridad invitaba a las aventuras galantes, con discreta cautela, pero sin temores, se dirigió el enamorado caballero a rondar el castillo de su dama, para requerirla con cariñoso reclamo.

Se cuenta que en aquella noche los mozos de la granja vieron brillar en los cercados matorrales dos ojos que parecían ascuas encendidas, que los mastines lanzaron voces de alarma, que se asomó Miz-Miz, entre curiosa y sobresaltada, para informarse de tan inusitada algarabía, que se escuchó en las sombras un maullido prolongado y que los tres perros se precipitaron en la oscuridad, vociferando con manifiesta indignación.

Ocurrieron muchas y muy comentadas escenas como la anterior, con lo cual demás es decir que las gentes de la granja estaban muy alborotadas. Los más juiciosos y discretos eran de parecer que el Montés, no era tal Montés, sino alguna otra fiera bravía y mal intencionada. Los mozos, dándose de bravucones, limpiaban la vieja escopeta con airado ceño y resueltos a habérselas con cualquiera; pero ningún comentario era más curioso que aquel que se hacía por las noches, después de la cena, alrededor del humeante candil, cuando alguna vieja trasnochada, sacaba a relucir cuentos de brujas y de aparecidos, atribuyendo al felino ciertas comparcerías con espíritus maléficos. No se vio nunca más atento auditorio: se arrebujaban los chicos amedrentados en las faldas de sus madres, se hacían cruces las mujeres, y mozos y viejos permanecían colgados de los labios de la narradora, que se holgaba en todo extremo viéndose tan acatada y bien oída.       

Entre preocupada y burlona atendía Miz-Miz a todas los relatos, sin darles al parecer gran importancia; pero bien comprendía a quien se dirigían las nocturnas visitas; y aunque mucho se recreaba su femenil vanidad, se sentía amedrentada y temblorosa por la siniestra fama, los relucientes ojos y la formidable apostura del Tenorio, cuya silueta tenía ya bien conocida, por cierto.

Tan variadas y nunca sentidas impresiones, traían a Miz-Miz nerviosa y sobresaltada. Se espeluznaba toda ella, enarcaba el lomo, saltaba sin motivo, se escurría con nerviosos movimientos, lanzaba prolongados maullidos y se quedaba largos ratos con los ojos entornados, en actitud meditabunda, como persona preocupada y congojosa. Miz-Miz, lejos de huir del peligro, seguía asomándose a la ventana, esperando al nocturno visitante.

En tanto el caballero Montés andaba por el bosque, preocupado, intranquilo y ansioso de poner término a tan prolongados desvelos. Lo que en un principio fue aventura galante de las acostumbradas o amorío de poco más o menos se convirtió con los obstáculos y con la singular belleza de Miz-Miz en ardiente llama que atormentaba su valeroso pecho. Era lo más grave del caso que se sentía Zapirón ante su dama lleno de timidez invencible, turbado y confuso  por tan nunca sentida emoción; como Hércules, iba a caer vencido a los pies de Onfala.

Las ansias amorosas del felino Romeo, no podían sufrir muy larga espera; y una de aquellas noches en que el cielo se mostraba encapotado y el valle oscuro como el fondo de un pozo, se dirigió a buscar a su adorado tormento. Centelleante la febril mirada, tensos los músculos, erizado el recio pelaje y azotándose los flancos con la larga cola, avanzaba el héroe por entre los árboles con movimientos elásticos, tranquilidad felina y ademán resuelto. Se confundían sus pisadas con el ruido que hacía el viento al arrancar las hojas secas y saltando zanjas y agazapándose en los matorrales y escurriéndose por los estrechos bordos, se introdujo al fin en la granja, que yacía entregada al tranquilo reposo nocturno.

Los mastines, con culpable descuido, dormían tendidos cual largos eran, pero la escrutadora mirada del Montés no acertaba a distinguir si estaba allí la señora de sus pensamientos. La amorosa impaciencia lo había hecho adelantar seguramente la hora de las cotidianas visitas; pero era tal su anhelo que, sin poder contenerse, llamó a Miz-Miz con blanda y apasionada voz. Pasaron pocos momentos, y como evocado ensueño o poética fantasía, apareció silenciosamente la dama con su simbólico traje blanco propio de amorosa cita. Es cosa averiguada que, hasta entonces, el galán, por timidez o por decoro, no osó aproximarse a ella; pero en semejante ocasión se resolvió a correr todo riesgo y avanzó pocos pasos. Asustada la dama, retrocedió ante aquel formidable enamorado de cuerpo hercúleo y de cabeza de tigre. Se detuvo Zapirón conteniendo el aliento y todo azorado, en ademán de acecho; fijos los ojos en la entornada ventana por donde Miz-Miz desapareciera, se quedó en guardia, batiendo la larga cola con nervioso movimiento. Se asomó de nuevo Miz-Miz venciendo su natural timidez, la amorosa curiosidad que intrigado tenía su juvenil corazón. La vio el Montés, desahogó con un suspiro de satisfacción su acongojado pecho, y con despacioso andar se fue acercando a la dama, mostrando en sus actitudes la más fina galantería y el mayor recato, al mismo tiempo que ponía, en sus glaucos ojos la más tierna y humilde súplica. Cohibida y medrosa se recogía Miz-Miz; y cuando el galán ya cerca, muy cerca comprendió que era el momento decisivo, dio un rápido salto, la cogió por el cuello, y antes que ella pudiera darse cuenta de la sorpresa, con ligero movimiento de la cabeza, la echó sobre la espalda y emprendió la fuga. La aterrada Miz-Miz prorrumpe en un agudo grito, pero el raptor no se detiene. Ella intenta desasirse y lanza las voces de “¡Socorro!...” “¡A mí… socorro!...” Saltan frenéticos los mastines, pero el bravo Montés con indescriptible ligereza, sale a escape. Erguida la noble cabeza, erizados los agudos bigotes, jadeante, intrépido, huye en desenfrenada carrera con agilidad vertiginosa; pero los bravos mastines van ya a darle alcance. Sus formidables ladridos, resuenan en el silencio de la noche, a modo de airados apóstrofes o de gritos de reto lanzados contra tan indigno raptor. Como en el arte de la guerra no son novicios, se  dividen con movimiento envolvente: se queda uno de ellos a retaguardia hostigando al Montés mientras los otros dos trazando estratégico semicírculo, logran cruzarlo y, ya de frente, se lanzan con toda la energía de su imponente cólera. En tanto Miz-Miz ha sufrido un desmayo y en el arrebato de tan grande torbellino permanece como muerta.

Zapirón, como leal caballero y quijotesco enamorado, resuelto está a defender su conquista. Quiere retroceder pero se ve acosado; comprende que la lucha se impone. Se detiene pues en posición ventajosa; deja caer sobre el césped con gentil delicadeza su amorosa carga, y entonces se verifica una singular transformación: el galante y sentimental enamorado, se trueca en el formidable corsario avezado a los horrores de la lucha. Encorvado el lomo, erizadas las greñas, desenvainadas las cortantes garras se recoge sobre sí mismo, y rápido como el rayo, cae de un salto sobre el más próximo de sus enemigos, y lo recibe con recia dentellada. El combate es sangriento: de una parte la agilidad y la audacia manejando los agudos puñales de la garra: de otra el noble valor y los afilados dientes; ya el zarpazo cortante o el sangriento mordisco y acompañando el fragor de la lucha, grande vocerío de indignación y rápidas y enérgicas interjecciones del raptor.

Miz-Miz vuelta en sí de su desmayo se apercibió de la riña, y así que pudo tomar aliento, llena de estupor, confusa y desmelenada, huyó hacia la granja, deslizándose por entre los viñedos y volviendo a cada paso la cabeza como persona que huye de pavoroso espectro.

Los mozos de la granja, despertados por tan ruidoso escándalo, presididos por el mayordomo y armados de sendos garrotes y de veteranas escopetas, se dirigieron al lugar de la lucha. Zapirón distinguió en la oscuridad sus siluetas que avanzaban en son de ataque, volvió la vista, no encontró a Miz-Miz; comprendió que no le quedaba más recurso que la fuga, y con supremo esfuerzo, repartiendo mandobles con las garras, dando saltos de tigre y formidables embestidas, se abrió paso y fue a perderse en la tupida sombra del bosque impenetrable. Los mastines le persiguieron desesperadamente y quedaron en acecho largo rato, olfateando aquí, gruñendo allá y siempre en guardia; pero ya en la madrugada, convencidos de la inútil espera, se volvieron a la granja, no poco orgullosos de haber salvado a la noble dama.

¡Qué decir de los comentarios que en la comarca se hacían sobre tan nunca visto suceso! El prestigio del caballero Montés era motivo de leyendas y de cuentos maravillosos.

Cuanto a la fama granjeril, era el caso de aquellos que hacen época. Las señoras gallinas escucharon la noticia del rapto con cacareos de alarma: se enfadó el gallo, y sacudiendo las alas con no poca baladronada en medio del harem, lanzó reiteradas veces el do de pecho de su voz de tenor. Los conejos temerosos de su seguridad personal, celebraron acuerdo para no hacer nuevas correrías por los prados donde acostumbraban solazarse. Los pacientes borricos, meditabundos, en su carácter de filósofos, atribuían el rapto a naturales devaneos juveniles. Los corderos, las caballerías y hasta la cabra, trataron el punto por más de ocho días; pero nadie en la granja andaba más preocupado que los mastines: se reconocían obligados a defender los fueros de la vieja propiedad y a custodiar a la noble dama encomendada a su caballerosa hidalguía. Tal era su preocupación, que no se atrevían a descabezar un mal sueño, y pasaban la noche en vela, el día en acecho y tarde y mañana en guardia. Solo ella, Miz-Miz, escuchaba sin hacer comentarios todas las versiones, disimulando el natural rubor que el famoso suceso le causara; y aunque al día siguiente la agasajaban todos con mil demostraciones y le servían en el desayuno las más gustosas migas, se mostraba ella toda cohibida y espeluznada.

 Miz-Miz se sentía llena de temor y de cierto júbilo, al mismo tiempo; y por más que pensaba y por mucho que discurría, no acertaba a explicarse esta curiosa contradicción propia de enamoramiento de doncella recatada.

Se pasaron varios días llenos de intranquilidad previsora, tentativas arriesgadas, rondas nocturnas y no pocas peripecias; y cierta noche sobre cuya fecha hay dudosas opiniones, después de haber armado la gran bronca, entre vocerío y tumulto, el porfiado Zapirón salió al fin airoso en la aventura; arrebatando a Miz-Miz a despecho de caballerescos mastines y de mozos desalmados.

Se ha sabido después en la granja, por referencias de cierto pájaro parlero, que, en la madrugada del siguiente día, las primeras luces del alba vieron al nuevo Hércules rendido a los pies de Onfala: la blanca manecita de la princesa acariciaba con juguetona coquetería el nervudo rostro del valeroso caballero.


GUSTAVO VALCÁRCEL

 

Gustavo Valcárcel 

(Arequipa, 1921-1992)


Poeta y revolucionario. Es el andariego rojo de la poesía peruana que nació en Arequipa. Siendo niño se fue a Lima con su madre, de joven se hizo extremista, sufrió prisión, conoció el destierro, retornó más radical, frecuentó las ideas y las sedes de los países rojos, hasta que estos cayeron y murió pobre. Sus ideas han perdido un poco de prestigio, pero su poesía sigue siendo de lo mejor.


Himno al maíz

 Recitado por Giuliana Murgia


Se me hace agua la boca al pronunciar tu nombre

choclo de mi Perú

maíz del inca y grano del preínca

cancha ardiente de ternura

racimo de dientes espumosos

camino vegetal de las culturas

alma en vilo de la chicha

mote por los siglos madurado

semilla elemental de nuestra sangre

penacho donde el sabor se inclina

planta gemela de la dicha

ala con que el Perú viajó a la América

peldaño del alba de la historia

oro ancestral de la botánica

en hombros del tiempo subiste a Machupicchu

de mano del tiempo bajaste al litoral

eres la vida misma

material del que se hizo el nombre del Perú

vanguardia de la alimentación

destacamento de granos alineados

cabellera trenzada de leyendas

granada de amor inconmovible

savia donde navega el sueño

hermano orgullosos de la papa

fruto que naciste repartido

bandera de las comunidades indias

hostia andina

mazorca consagrada

maná imperial

perla del mito

bastón del ciego

refugio de los pobres

antorcha vegetal que siempre alumbra

compañero maíz de nuestras momias

camarada maíz de nuestras vidas

el paladar de la patria empieza en ti

y a partir de tus pezones blancos

choclo de mi Perú, Perú del choclo,

todos sentimos lactar la eternidad.

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Sonata arequipeña

Recitada por Giuliana Murgía



Eres el dominio más diáfano del sol

y el espejo preferido de la noche;

la luz de tu paisaje alumbra

el alma profunda de las cosas;

tu vida es transparencia,

canto lineal del verde con el blanco,

tenue música abrazada de la tierra.

 

Tu campiña llega de golpe a nuestros ojos

como un cuento tejido de esmeraldas;

tus volcanes se han hecho para amarlos

como a abuelos de barbas espumantes;

tu sillar partido en mil rectángulos

es la almohada donde tu historia duerme.

Contigo la claridad comienza

y hay asamblea general de las estrellas

en la hamaca de tiempo de tus noches.

 

Tu río, manantial del mito;

tus flores, color de pura fábula;

tus pueblos, macetas derramadas;

tus mujeres, amor con sangre que no duerme:

tus hombres, tierra de fuego del valor.

 

Arequipa, Arequepay,

suma de civismo,

resta de tiranos,

catarata de almas,

catedral del beso,

tambor de pura luz,

vajilla de la dicha,

clarísima ventana del Perú,

nieve perpetua de lo bueno,

vaso colmado de leyenda,

escala por donde baja el cielo,

descanso florido del crepúsculo,

relámpago verde  de los años,

Arequipa final

en donde la mejilla de la patria

es besada por todos de verdad.